Gestora de la moda panameña
Marie Claire Fontaine
Autor: Isaac Melamed
Foto: Pich Urdaneta
Marie Claire Fontaine de Bueno es originalmente de Ecuador. Llegó a Panamá en la década de 1980 y desde entonces llama a esta ciudad su hogar. Su recorrido por la moda del país comienza con la agencia Physical Modelos, la cual dirige actualmente, cuando empezó a producir Chico y Chica Modelo a mitad de la década de 1990. Así nació la idea de crear una actividad enfocada en la moda del país y se creó Días de moda, que marcó el inició de lo que hoy se conoce como la semana de la moda panameña. Fontaine de Bueno es una de las mentes detrás de Fashion Week Panamá y Macrofest, dos de los eventos más importantes de la ciudad en el campo de la moda y la cultura.
¿Cuál crees que es la importancia de que la gente visibilice a la moda como un campo esencial en Panamá?
Pienso que la moda es una manifestación artística, pero es un arte diferente, es un arte portátil. Creo que lo más interesante de la moda en Panamá es que finalmente está dando un fruto que uno puede mirar como un producto con identidad. Siento que sí ha habido moda durante los años que se ha hecho Días de moda, pero en realidad siento que con contadas excepciones podría decir que ha habido identidad en los diseñadores.
Siento que Helene Breebaart, que siendo francesa, ha tenido una identidad muy propia dentro de sus propuestas al haber convertido a la moda en una pieza portátil, digamos, o un Moisés Sandoya que siempre ha tenido una idea clara de identidad panameña dentro de sus propuestas, o un Federico Visuetti, que en su momento trabajó mucho con el talco en sombra.
Llevar la identidad a la moda va más allá de contratar un artesano que te haga una técnica panameña. La identidad es un proceso que se convierte en un laboratorio de ideas que produce un elemento que no es fácilmente identificado con artesanía o con una herencia cultural específica, sino que es un producto en el pensamiento de análisis y de creación.
¿Cómo describes esa identidad de la moda panameña?
Siento que es una propuesta que refleja la multiculturalidad de Panamá y la riqueza biológica del país. Por decir, Tony Vergara, cuando hace sus propuestas de accesorios, ves que está muy involucrado en presentar la riqueza de nuestra fauna y flora en el proceso creativo. Ahí ves la abundancia prodigiosa que tiene Panamá en árboles, plantas, flores, pájaros. Lo ves reflejado en su propuesta creativa. O Verónica Angel, que incluye los diablos rojos en sus diseños.
Siento que los diseñadores se están conectando más a la posibilidad de investigar el campo de la herencia cultural panameña para que eso sea un ingrediente importante dentro de sus procesos de creación de colecciones.
Además de Fashion Week Panamá, también estás a la cabeza de Macrofest. ¿Por qué hacer un festival cultural?
Yo creo que realmente los festivales ponen en el mapa la posibilidad de una creación a los emprendedores y a muchos campos de las manifestaciones creativas, por eso pienso que son súper importantes para las ciudades. Ahí involucras la gestoría de una plataforma que permite diversos escenarios para las diferentes ramas de la creación. Hoy en día veo que se están haciendo murales, lo cual me parece maravilloso, y siento que están saliendo muchos festivales. Eso está permitiendo a muchos creadores y emprendedores darse a conocer. Los festivales te permiten digerir de una manera más intrínseca los procesos creativos de quienes participan en estos. Pienso que son muy importantes para los habitantes de una ciudad. Una ciudad sin cultura es una ciudad que no tiene alma.
¿Cómo es la Panamá que sueñas?
Una ciudad con espacios verdes maravillosos para caminar por las aceras sin cocinarse, árboles muy grandes con sombra, con buenas aceras. Eso solucionaría bastante el problema de los tranques porque uno caminaría feliz. Una ciudad donde el transporte público haya sido muy bien resuelto, de manera que uno pueda viajar en bus a una hora fija, o en el metro. Es una ciudad en la que los barrios tengan la posibilidad de tener vida de barrio, sin tantos edificios gigantes, donde puedas ir a una tienda a comprar frutas y vegetales frescos, mariscos frescos, y no necesariamente tener que ir a un súper, sino que los puedas encontrar a la vuelta de la esquina, con panaderías y cafés finos en los barrios. Los edificios y la energía deberían ser más verdes. Todo eso haría que la gente fuera más feliz.